ALMUÑÉCAR: Un mono se fuga de Peña Escrita y se atrinchera en el Peñón del Santo creyendo que se trata de Gibraltar

Mono cabreado

ALMUÑÉCAR, Granada. Un mono se fugó el pasado jueves 7 de abril del Parque de la Naturaleza de Peña Escrita, llegó el viernes 8 al Peñón del Santo y desde entonces y hasta la fecha de publicación de este artículo, domingo 10 de abril, las autoridades locales están intentando trasladarlo de nuevo a su residencia habitual.

El origen de este problema se remonta al pasado mes de agosto. Fuentes no oficiales han comunicado a la redacción de ToLoco Magazine que por aquel entonces se encontraba trabajando en las instalaciones de Peña Escrita un becario que responde a las siglas de H. P. El becario en cuestión, por motivos que desconoce nuestra fuente, le cogió cierto recelo a los especímenes de macaca sylvanus, es decir, a los monos de Berbería del parque. Sabiendo que dichos monos se volvían locos (más de lo que ya estaban, a causa del fuerte calor del agosto de 2015 y a su propia naturaleza) por los higos chumbos, el muy H. P. del becario se dedicó a alimentarlos solo con este fruto. Como es bien conocido, la ingesta masiva (lo que vulgarmente se conoce como empacho) de higos chumbos desemboca o bien en estreñimiento o bien en fuertes diarreas, y de estos males precisamente acabaron pereciendo un buen número de estos animales.

Una vez descubierta la fechoría del señor H. P., la dirección del centro tuvo a bien despedirle y después denunciarle, así como solicitar al gobierno gibraltareño varios nuevos ejemplares de monos de Berbería para las instalaciones del Parque de la Naturaleza de Peña Escrita.

Tras muchos meses de trámites, por fin varios especímenes de monos llegaron a Almuñécar el pasado día 30 de febrero. Los monos, ejemplares jóvenes y sanos, no tardaron en manifestar su descontento, ya que, según ha declarado la mona que responde al nombre de Samantha, <<en Gibraltar nosotros éramos libres de recorrer a placer el peñón, pedir comida a los turistas y robarles cosas, si se terciaba. Nadie nos tenía encerrados ni nos obligaba a vivir con gente que no conocemos de nada. Esto se parece demasiado al Gran Hermano, y por ahí nosotros no pasamos>>.

<<Estos se creen muy finos porque vienen del Peñón de Gibraltar, que es inglés>>, declaró ante nuestros micros Torcuato, uno de los monos más ancianos de Peña Escrita. <<Pues será que no hay catetos ingleses. Todos suben aquí en verano con las caras rojas como gambas y los pies embutidos en chanclas feas, ¡y con calcetines! Y luego no nos dan ni un mísero cacahuete, oiga>>.

Si bien los nuevos monos se comportaban todos de forma arisca con los veteranos (ya de por sí ariscos ellos también) del parque, pronto uno de los nuevos monos destacó por su especial antipatía.

<<Nada más llegar, empezó a perseguir a las monas para tirarles del rabo, y mira que le dijimos que estaban todas ya pilladas>>, nos dijo también el mono Torcuato. <<También se cogía la mejor fruta cuando repartían comida, y si te acercabas, te escupía y te moñeaba, ¡cuando no le daba por hablarte en inglés para que no te enteraras de nada! Que el tío habla en español o inglés según se conviene. Así son los llanitos estos que nos ha traído>>.

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La mayoría de los monos estaban de acuerdo en que para ser inglés el mono Tomasito tenía una mala follá muy granaína, si bien pronto hizo buenas migas con el menos avispado del grupo, aquel al que llaman en el parque Rogelio.

Rogelio había nacido ya enjaulado y conocía poco de la vida de fuera. Fascinado por las historias que le contaba Tomasito de su vida en Gibraltar, pronto la cabeza del monete sexitano se llenó de pajaritos, lo que a Tomasito le vino de perlas para desarrollar sus malvados planes.

Por lo visto, mientras todos dormían en Peña Escrita, Tomasito y Rogelio comenzaron a cavar un túnel para salir de la jaula. Tras varios días, por fin el hoyo que interconectaba el interior con el exterior estuvo operativo. Tomasito le dijo a Rogelio que él saldría primero, iría a investigar y luego volvería. Mientras tanto, Rogelio debía esconder el túnel con varias revistas viejas de Interveiú de uno de los cuidadores y disimular cuando le preguntaran por el paradero de su amigo.

Tomasito, avispado como él solo, se escondió tras unos arbustos cerca de la carretera, por la zona de la entrada de Peña Escrita, y esperó hasta que un coche pasara en dirección al pueblo. En cuanto el coche pasó por su lado ya por la mañana, el mono saltó sobre el capó y viajó de balde hasta el mismo centro de Almuñécar.

Era Domingo de Ramos y el pueblo estaba lleno de gente. Tanto los turistas como la gente del pueblo de concentraba en sitios estratégicos para ver pasar la procesión de La Borriquilla. Aprovechando las aglomeraciones y la falta de concentración de la gente, Tomasito se puso a hacer lo que mejor se le da: robar carteras. Una vez que se hizo con unas cuantas, sacó los billetes que encontró, tiró las carteras y siguió con sus planes.

Llegados a este punto puede que nos lectores piensen que atrapar a Tomasito sería cosa fácil. Lamentamos comunicarles que se equivocan. Para disimular su aspecto, Tomasito se hizo con un sombrero cordobés y un mantón de manila (a través del método del hurto, por supuesto) para pasar desapercibido. Como sabía que aun así no daría el pego, el avispado mono esperó para irse de bares hasta las 12 de la noche, pues sabía que a esas horas la gente ya estaría un poco achispada y nadie le echaría cuentas.

Mono flamenco

Sus argucias le hicieron robar carteras, beber cervezas y comer tapas a lo locod hasta el Domingo de Resurrección, día en el que algunos turistas le pillaron robando espetos de sardinas a plena luz de día. El mono, bastante ebrio ya a las 14 horas, se dejó atrapar fácilmente para ser trasladado posteriormente a Peña Escrita.

Una vez de vuelta a la jaula de los monos, y tras dormir la mona (la borrachera, entiéndase), Tomasito le contó a  su fiel amigo Rogelio (jamás desveló a los guardias cómo se había fugado su amigo) que había estado en Gibraltar, que en su tierra natal lo había pasado muy bien y que en cuanto pudiera, debía volver. Con las mismas, le dijo a su compadre que todo mono que se preciara debía ir alguna vez a Gibraltar y vivir la vida del Peñón, sentirse libre y hacer fechorías de mono con los turistas.

<<¿Qué por qué le mentí? Ah, no sé. En ese momento me hizo gracia decirle eso al inocentón de Rogelio>>, ha declarado ante nuestros micros el propio Tomasito mientras intentaba robarnos las carteras. <<Si hubiera sabido lo que iba a hacer…¡se lo hubiera dicho mucho antes!>>

Rogelio, convencido de que debía peregrinar al Peñón de Gibraltar para sentirse un mono realizado, destapó el agujero y salió por él la noche del 7 de abril. Como Rogelio no es tan avispado como Tomasito, en vez de abordar un coche, hizo todo el camino a pie hasta el pueblo, lo que le supuso toda la noche (recordamos que Peña Escrita está a cuarenta minutos en coche de Almuñécar, por lo que a pie está como a un chorongo de horas). A Rogelio aquel le pareció un camino largo, larguísimo, por lo que al llegar al pueblo estaba convencido de que estaba ya cerca del Peñón de Gibraltar. En una panadería preguntó por el Peñón y lo mandaron directamente al del Santo. Convencido de que había llegado a su destino, Rogelio subió triunfal y se encontró con que arriba no había otros monos, como él, pero sí unos señores de Cuenca a los que intentó robarles la cartera. Los de Cuenca fueron más rápidos y le dieron una colleja al mono. Asustado, Rogelio se subió a la cruz y allí estuvo hasta la tarde. Entonces, envalentonado, fue a robar unas cajas de fruta para hacerse un pequeño fuerte. Cuando las autoridades locales intentaron capturarlo, Rogelio saltó hacia las rocas y se escondió como pudo. Los agentes intentaron seguirlos, pero el terreno era peligroso. Aún siguen haciéndolo mientras esperan a recibir refuerzos especializados.

<<La gente sigue subiendo con normalidad al Peñón>>, nos han dicho fuentes oficiales. <<El pobre animal sale de vez en cuando de sus escondites e intenta robarles algo, pero sin éxito. Ya lleva muchas collejas, aunque luego no se deja atrapar. Creemos que se alimenta de insectos y huevos de gaviota, aunque no podemos estar seguros. Le dejaríamos algo de comida, pero entonces ya sí que no habría manera de cogerlo. Lo que está claro es que el bicho es cabezón como él solo, porque por más que le decimos que esto no es Gibraltar, no atiende a razones>>.

<<¡Intentan engañarme!>>, nos ha comentado el propio Rogelio.<<Se han llevado a los otros monos y todo para que crea que esto no es Gibraltar. Pero yo sé que sí, que este es el Peñón bueno. ¡Y de aquí no me muevo hasta que aprenda inglés y a robar mochilas cargadas de comida!>>

Mono cabreado

Mientras tanto, en Peña Escrita, lejos de arrepentirse del engaño, Tomasito se frota las manos.

<<Tú espérate a que le cuente a los leones que su hábitat natural es el Parque del Majuelo, a los linces que ellos nacieron en la plaza del ayuntamiento y a los tigres que sus antepasados venían de la playa de San Cristóbal. ¡Ya verás lo bien que nos lo vamos a pasar>>, nos ha confesado entre risas.

La Monteoliva

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