EL MISTERIO DE LOS CARAMELOS DE SANDÍA

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Los niños y mayores acudimos a las cabalgatas de Reyes para ver las distintas carrozas (cambian cada año; menos la de los Pollos Arenas de Granada: esa es siempre la misma, con esos siniestros pollos felices que van al matadero), contagiarnos de ese aire inocentemente fiestero y, sobre todo, para conseguir un buen surtido de caramelos con el que endulzarnos hasta, al menos Semana Santa.

Sin entrar en grandes detalles (no, en esta ocasión no tuve que dar codazos para conseguir mis ansiados dulces) acerca del proceso de recolecta de caramelos, lo que sí diré es que el surtido de este año fue sustancioso. En mis bolsillos había caramelos grandes, otros pequeños; unos con marcas comerciales (empresas de la localidad), otros totalmente anónimos. Y más de una inesperada sorpresa.

Días después de los Reyes, un familiar me comentó que los caramelos de mandarina sabían a cáscara de sandía, y que por desgracia, siempre se equivocaba y se metía uno en la boca, con el consiguiente asco no contenido.

Una vez de nuevo ante el paquete de caramelos, me decidí a investigar el asunto. Lo primero que averigüé es que los caramelos de mandarina y los de sandía, tenían envoltorios de colores similares, de ahí la primera confusión. Como yo odio la sandía (sí, es así), pero quería conseguir más opiniones sobre el misterioso caramelo de sabor sandía, el otro día llevé unos cuantos caramelos a nuestro antro cafetero de cabecera y se los di a probar a dos redactores de To Loco.

Las impresiones no se hicieron esperar, como habréis ya imaginado.

-Esto sabe a…pepino, sí. O a cáscara de sandía –dijo el SUJETO 1.

-Pepino con un toque de limón –dijo la SUJETA 2.

En lo que ambos estaban de acuerdo es que el sabor “donde amargan los pepinos” se intensificaba conforme más chupaban la supuesta golosina, por lo que pronto, antes de perder por completo las papilas gustativas, tuvieron que tirar lo que quedaba del caramelo y combatir el regustillo con cervezas y vinos.

¿Por qué en la fábrica no consiguieron hacer un caramelo con verdadero sabor a sandía? ¿A quién se le ocurrió etiquetar un caramelo con sabor a pepino como si fuera de sandía? ¿Alguien a quien no le gustaban mucho los niños? Porque, supuestamente, los mayores consumidores de caramelos son los niños, y además estos en concreto fueron repartidos en una cabalgata de Reyes.

Probablemente, nunca sabremos lo que pasó con ese caramelo. Aunque yo tengo una teoría que, por supuesto, voy a exponeros.

Imaginad un día cualquiera en una fábrica de caramelos, probablemente en septiembre. Paco, el creativo de la empresa, entra corriendo en el despacho de Pepe, el jefe.

-¡Lo tengo, lo tengo! – grita entusiasmado Paco.

-¿El qué? –dice el otro, todavía con la vista fija en el ordenador (está jugando al buscaminas, pero disimula).

-¡Un sabor revolucionario, único!

-A ver, Paco, que nosotros hacemos caramelos de los de toda la vida: fresa, naranja, limón… Ya tuvimos polémica cuando introdujimos el de mandarina. Había mucha gente que no lo creía necesario.

-¡Pero es que lo vamos a petar, lo vamos a petar! ¡HE INVENTADO EL CARAMELO DE GAZPACHO!

Paco le da una muestra a Pepe. Este se lo introduce en la boca. Enseguida siente un asco sobre humano. Le da un ataque de tos y escupe el caramelo, que impacta contra la pantalla del pc y se queda ahí pegado.

-¡Pero que guarrería es esta! ¡Esto está malísimo! ¡Sabe a culo de pepino!

-No, pero si es de gazpacho –dice incrédulo el otro. Se mete la mano en el bolsillo, coge otro caramelo y se lo mete en la boca.

-A ver, listo, ¿es o no es un pepino? –dice el jefe con resquemor.

-Vaya, pues sí. Creo que me he quedado corto con el tomate, el pimiento, el aceite…

-¡Paco, por Dios, que eso no hay quien se lo coma!

-Pues tenemos un problemín.

-¿Cómo que tenemos un problemín?

-Pues que me he venido arriba y he hecho como unas cien mil unidades de este caramelo.

-¡Ay, señor, esta es mi ruina! –grita Pepe mientras se tira de los pelos.

-Bueno, no te preocupes. Nosotros lo etiquetamos y a ver qué pasa.

-¿Pero quién va a querer comerse un caramelo de pepino?

-Si te fijas tiene también un regustillo como a… a… cáscara de sandía. ¡Pues ya está! Diremos que es caramelo de sandía.

Y en eso se quedó la cosa.

En definitiva, si en la próxima cabalgata de Reyes coges un caramelo con un dibujo de una sandía, ¡recela! A no ser que seas un fan de los pepinos. Si es el caso, serás muy feliz con estos caramelos (por cierto, aún me quedan unos cuantos, por si alguien quiere probarlos…)

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Pruebas de que hicimos la cata

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